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jueves, 18 de diciembre de 2014

El Águila Monera de Filipinas

El águila monera de Filipinas (Pithecophaga jefferyi) es nada menos que el ave nacional de estas remotas islas del Océano Pacífico, en el Extremo Oriente, y que no hace mucho tiempo (hasta 1898) pertenecieron a España. Es una rapaz llamativa en muchos aspectos: para empezar, es una de las mayores águilas del planeta (de hecho, cuando está posada alcanza el metro de altura, lo que la hace el águila más alta del mundo), con unas medidas de entre 86 y 102 centímetros de largo, más de 2 metros de envergadura alar, y un peso mínimo de 4,7 kilos pero que llega a los 7 o incluso 8 kilos. Como es habitual, las mayores medidas corresponden a la hembra. Su aspecto también llama la atención, especialmente por el penacho de plumas lanceoladas que corona su cabeza, y que le dan un tinte algo cómico. Cuando la veo posada y de frente me recuerda a un científico loco, con su bata blanca y su pelo alborotado, o más concretamente a "Doc", el inolvidable personaje de "Regreso al futuro". Pero detrás de esta divertida figura hay una rapaz con una capacidad depredadora formidable, capaz de volar con extraordinaria agilidad entre las intrincadas selvas que son su hogar, gracias a sus grandes alas y especialmente a su larga cola, que a modo de timón le permite vuelos acrobáticos, y súbitos y espectaculares quiebros entre las lianas. Las partes superiores, las alas y la cola son de color oscuro, pero el vientre es color crema. Los ojos, a diferencia de muchas águilas, son de un gris claro bastante desvaído. El rostro es oscuro y el pico es de color gris acerado, con la punta gris pizarra. El pico, por cierto, es estrecho visto de frente, pero de perfil se aprecia lo grande y poderoso que es; de hecho, parece más un hacha que un pico.

Esta especie constituye el equivalente ecológico de la arpía mayor sudamericana (Harpia harpyja), cosa que se manifiesta en su tamaño, su habilidad para el vuelo, su tipo de hábitat, su modo de vida y su amplio espectro de presas.

Rostro del Águila Monera de Filipinas
Rostro del águila monera de filipinas. Foto de Reuters/Alain Pascua


Un águila hecha para su entorno


La morfología de esta espléndida rapaz está perfectamente adaptada a las densas selvas donde vive. Como he dicho antes, sus alas y su cola le permiten volar con excelente habilidad entre los numerosos obstáculos que puede encontrar en su camino hacia sus presas, que puede distinguir gracias a su maravilloso sentido de la vista, incluso en la penumbra que cobija a los animales que se esconden entre la maraña de vegetación. El águila monera de Filipinas vive (como su propio nombre indica) en el archipiélago filipino, principalmente en las islas más grandes del norte y del este (Luzón, Mindanao, Leyte y Samar). Habita concretamente las selvas de dicterocarpos y otros árboles autóctonos, por encima de los 2.000 metros de altitud. El territorio de cada pareja puede llegar a ser realmente grande: entre 68 y 133 km cuadrados. Es un ave sedentaria.

Nunca ha sido una especie fácil de ver, ni siquiera cuando su número era mucho mayor que hoy día, ya que su frondoso hábitat no lo permite. Fue precisamente esta circunstancia lo que propició que su descubrimiento oficial para la ciencia no se diera hasta 1896 (2 años antes de que España perdiera las Filipinas junto con Cuba). 

Águila Monera Filipina
Joven macho de águila monera filipina en el Centro del Águila Filipina en Davao (Mindanao)

Un águila de hijo único


Esta especie cría un solo polluelo en un gran nido en lo alto de un árbol. Como ocurre con muchas otras especies de rapaces, el huevo es incubado por la hembra, mientras el macho se encarga de traerle alimento. La incubación dura un par de meses, y el pollo permanece en el nido durante casi medio año (160 días). Pasan 4 o 5 meses más antes de que la joven águila intente capturar sus propias presas después de dejar el nido. Como consecuencia de este prolongado desarrollo, las parejas sólo se reproducen una vez cada 2 años. No sólo esto: las hembras alcanzan la madurez sexual a la edad de 5 años, y los machos a la tardía edad de 7. Por otra parte, y como ocurre con otras rapaces, las parejas se forman de por vida. Se sabe, por cierto, que estas águilas alcanzan y superan los 60 años de edad en cautividad.

Águila Monera de Filipinas con Polluelo
Águila monera de Filipinas con su pollo. Nótese el desarrollo del pico ya a esa edad.

Una verdadera cazadora


El espectro alimenticio de esta rapaz es sorprendentemente amplio, a pesar de lo que indica su nombre: aparte de primates, se alimenta de ardillas, ratas, pequeños carnívoros como las civetas de las palmeras, lémures voladores de Filipinas (que en realidad no son lémures, sino un grupo de mamíferos planeadores completamente diferentes), aves de todo tipo (incluyendo cálaos y búhos jóvenes), varanos, serpientes, e incluso se tienen datos de capturas de cerdos y perros. 

El nombre de "águila monera" se debe a que los nativos sostenían que esta águila se alimenta sobre todo de monos. 

Una espléndida águila en peligro crítico


La situación de esta rapaz no es nada tranquilizadora. La mayor población se concentra en Mindanao, y sólo se poseen datos estimados acerca de entre 82 y 233 parejas reproductoras; en las otras islas el número de parejas varía entre 6 y 2. No siempre fue así, porque en 1910 se estimaba que existían unas 1.200 parejas.

La razón de tan acusado declive (especialmente en los últimos 56 años) es principalmente la terrible deforestación a que han sido sometidas las selvas del archipiélago filipino. Ya sea para la extracción de madera para el comercio internacional, sea legal o ilegal, o para rotaciones de cultivo, la tala continua de los antiguos árboles de la selva filipina ha devastado miles y miles de km cuadrados de selva virgen. Como consecuencia de esto, el águila monera filipina ve como año tras año sus selvas de origen están cada vez más fragmentadas, y que se está quedando sin su hábitat. Y esto es un duro golpe para una especie que necesita tanto espacio para vivir; más teniendo en cuenta que varias águilas que nidifican cerca de los límites de la selva son tiroteadas sin piedad. Ya sea para exhibirla en zoos o para el comercio ilegal, o incluso para comérselas (como fue el caso de cierto imbécil no hace mucho), las águilas están sufriendo bajas por parte del hombre. También se han dado casos de víctimas de trampas y lazos destinados a cerdos salvajes y ciervos, pues en ocasiones esta águila caza en el suelo de la selva. Se ha citado la posibilidad de que los pesticidas estén dañando la capacidad reproductiva de estas rapaces (ya de por sí difícil), pero esto aún está por probar.

Y uno de los factores principales de la regresión de esta especie es, precisamente, su baja tasa reproductiva. Una especie que se reproduce cada 2 años (y con suerte) no puede, por si misma, compensar el número de bajas que le produce la presión humana. Y menos teniendo en cuenta la rápida pérdida de las selvas que son su hogar. Como consecuencia de todo esto, el águila monera filipina está en peligro crítico de extinción.

Las medidas para proteger esta águila comenzaron hace décadas, pero todavía son, lamentablemente, insuficientes. A partir de 1970 se dio protección legal a esta especie, tanto para los ejemplares como para sus nidos, aunque los ataques y disparos continúan. En 1976 se inauguró un centro de rehabilitación para águilas confiscadas en Mindanao, concretamente en el Parque Nacional del Monte Apo. También se han llevado a cabo campañas de sensibilización y educación, monitoreo de nidos, protección de crías y un proyecto para disminuir la presión sobre su hábitat al mismo tiempo que se favorece la economía local. La organización WWF puso en marcha, además, un programa de reforestación con árboles autóctonos y una red de reservas de más de 200 km cuadrados donde se prohibió la tala. En 1995 fue declarada ave nacional por el presidente filipino de entonces.

Monedas de Filipinas
Monedas de Filipinas donde se puede apreciar la efigie y el nombre científico del águila monera filipina

También se ha intentado su cría en cautividad, pero pasó más de una década hasta llevarla a cabo con éxito: se trata de una especie muy poco sociable y de hecho se dio el caso de que las hembras cautivas mataron a los machos; aparte, cuando conseguían que se apareasen, los huevos no eran fértiles. Hasta el 15 de enero de 1992 no nació el primer pollo en cautividad, que recibió el nombre de Pag-Asa. Hasta la fecha, se ha conseguido la cría en cautividad de tan sólo 9 ejemplares en total. Y por desgracia, la introducción en la naturaleza de estos ejemplares no ha sido siempre exitosa. El primer macho que se soltó en el Parque Nacional del Monte Apo, en 2004, murió por electrocución 9 meses después; otro ejemplar fue cazado por un individuo que luego se la comió (el mismo estúpido del que he hablado antes). Estos sucesos ponen de manifiesto la penosa situación por la que está pasando esta magnífica especie.

Aquí pongo un enlace al que podéis acceder a un vídeo muy interesante sobre esta águila, concretamente sobre Pag-Asa, el primer ejemplar nacido en cautividad:



También he encontrado un enlace a una webcam donde se muestran las evoluciones de un ejemplar en cautividad, aunque todavía no sé si es un ejemplar en rehabilitación, o uno criado en cautividad:

http://www.ustream.tv/channel/the-philippine-eagle-cam


En este punto, son necesarias medidas realmente enérgicas para proteger a esta rapaz. Todas las medidas actuales deberían potenciarse (poniendo más esfuerzos en su cría y reproducción en cautividad, creando más reservas naturales, limitando la tala y buscando maneras de crear riqueza que no pasen por la extracción de madera, y desde luego, gravando las muertes de cualquier ejemplar con multas más severas y con penas de cárcel si es preciso). Desde luego, todas las medidas que favorezcan a esta águila y al mismo tiempo a la economía local, son importantísimas. El águila monera filipina es una especie única, diferente de cualquier otra con tamaños similares y con parecidos hábitos de vida (hecho demostrado por estudios de ADN) y que sólo habita en este archipiélago. Si la situación de esta especie continúa como hasta ahora, es de temer que finalmente se extinga. Y si lo hace, el emblema nacional de Filipinas no será ya un emblema de fuerza y libertad, sino un emblema de oprobio y vergüenza para la nación que no supo cuidar de ella.


águila monera con entrenador
Una graciosa imagen de un águila monera filipina con su cuidador.


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