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lunes, 24 de marzo de 2014

El Águila Culebrera

El águila culebrera (Circaetus gallicus), o culebrera europea, es la única rapaz europea especializada en cazar serpientes y otros reptiles. Su aspecto es algo inusual: sus grandes ojos de color ambarino y su ancha cabeza le dan un aspecto que recuerda al de un búho o una lechuza. Es una rapaz de tamaño medio-grande, cuya longitud varía entre los 64 y los 69 centímetros, y cuya envergadura alar varía entre los 1,55-1,80 metros; su peso estimado oscila entre el kilo y medio y los 2 kilos con 400 gramos. El color del plumaje es variable, pero en general la coloración es pardo grisácea en las partes superiores y blanquecina en las inferiores, con algunas bandas pardas; la parte del cuello suele ser mayoritariamente parda con partes blancas. La cabeza es enteramente parda (aunque hay ejemplares con la cabeza completamente blanca), el pico es negro con la base azulada y la cola presenta bandas oscuras sobre fondo blanco. Los inmaduros muestran tonos más claros. Si vemos desde abajo una rapaz en vuelo con alas anchas de puntas oscuras y las partes inferiores blanquecinas, es muy posible que se trate de una águila culebrera; asimismo, destacan las oscuras puntas de las alas con respecto a este color blanquecino.

Águila Culebrera en Vuelo
Águila culebrera en vuelo mostrando sus partes inferiores. Foto de Brendan Marnell.


Estas águilas son fundamentalmente migratorias, por lo que en invierno (a partir de septiembre) los ejemplares europeos viajan hasta el norte y noreste del continente africano, y entre marzo y abril regresan de nuevo a Europa; algunas poblaciones residuales invernan incluso en el sur de España. Sin embargo, los ejemplares que habitan el centro y sur de África son sedentarias pues pueden encontrar alimento allí durante todo el año. También viven en las estepas del centro y sur de Asia, hasta más allá de la India.  En el pasado esta especie estuvo mucho más extendida; sin embargo, a partir del siglo XIX, la roturación de las praderas y la persecución directa (bien para disecarla con propósitos "científicos" o bien expoliando sus huevos) hicieron que desapareciera de muchas zonas. En la actualidad, se la puede encontrar todavía en Francia, la Península Balcánica, la Europa del Este y la mayor parte de la Península Ibérica (donde se encuentran las mejores poblaciones del continente). En España nidifica en prácticamente todo el país, aunque abunda menos en el norte y el este de Andalucía; sin embargo, escasea en las áreas cultivadas de ambas castillas y está ausente de las Islas Baleares y de las Canarias.

A finales de agosto la mayoría de las águilas culebreras abandonan la Península Ibérica para viajar hacia el continente africano, donde también vive su pariente cercano, el águila culebrera cenicienta (Circaetus cinereus). No será hasta febrero cuando empiecen a regresar a España, ocupando la totalidad de sus territorios respectivos en la segunda mitad de marzo. Según algunos biólogos existen 2 corredores migratorios principales: uno sigue la costa mediterránea, y el otro (más tardío) recorre el interior de la Península.

Esta rapaz prefiere la vegetación de maquia, donde los arbustos ocultan a menudo a sus presas favoritas, así como campiñas abiertas con árboles dispersos, bosques con extensas zonas abiertas y laderas rocosas o deforestadas por los incendios. Es una rapaz muy típica del bosque mediterráneo en general. Tanto su distribución como su densidad poblacional están directamente relacionadas con la abundancia de reptiles, que constituyen el 99,9% de su dieta. En estado natural el águila culebrera puede alcanzar los 17 años de edad.

Durante la época de celo el macho emite su voz, que consiste en una gran variedad de reclamos y silbidos (que suenan como una especie de "quii" que parece lastimero); efectúa picados repetidas veces y también se dedica a cazar para la hembra (que lo observa tranquilamente), al parecer para impresionarla. Mientras tanto vuela alrededor de su territorio, como delimitándolo. El período reproductor del águila culebrera puede iniciarse en abril, pero en otros casos puede retrasarse hasta primeros de mayo.

Una rapaz de hijo único


Para anidar, las águilas culebreras prefieren los árboles (especialmente los de hoja perenne), y sólo muy raramente anidan en las rocas; también evita los sotos fluviales y los bosques húmedos. Por otra parte pueden criar en gran variedad de altitudes, desde el nivel del mar hasta los 1.400 metros. El nido es una construcción profunda (de medio metro de ancho por 20-30 centímetros de profundidad, lo cual no es demasiado grande teniendo en cuenta el tamaño del animal) hecha a base de ramitas por las propias águilas, aunque a veces ocupan los nidos viejos de otras aves. Cuando son ellas las que construyen el nido, tardan unos 20 días en hacerlo. Curiosamente, esta especie pone un solo huevo y una sola pollada por año; el huevo es incubado durante 47 días aproximadamente, y a diferencia de otras rapaces, en ocasiones los padres reciben la ayuda de un inmaduro criado en años anteriores para la crianza del nuevo polluelo. El pollo abandona el nido dos meses después, y a los 70 u 85 días echa a volar. Sus padres tratarán entonces de enseñarle las técnicas de caza que necesitará para atrapar a los reptiles de los que debe alimentarse; de hecho, esta especie tiene otra particularidad: los jóvenes desarrollan un comportamiento que se basa precisamente en la interacción con otros miembros de su familia, por ejemplo como cuando juegan a intercambiarse la presa en pleno vuelo. Deben pasar tres años hasta que las jóvenes águilas culebreras alcancen la madurez sexual.

El águila culebrera, terror de las serpientes


Como he mencionado arriba, el águila culebrera se alimenta de serpientes y reptiles, especialmente culebras, por lo que su nombre es más que adecuado. También puede cazar insectos, ranas y aves, pero estas presas son muy marginales. Su técnica de caza es singular: pasa mucho tiempo cernida en los aires, con las patas colgando de modo característico y a 150 metros del suelo, contemplándolo como si estuviera completamente absorta en la tarea; le son de gran ayuda sus grandes ojos, capaces de distinguir una serpiente de lentos movimientos y que se mimetiza con su entorno. De hecho, su visión binocular (pues sus ojos miran de frente) es excepcionalmente precisa, incluso comparada con las otras águilas. Cuando descubre una serpiente, permanece unos instantes cernida y batiendo las alas; poco después desciende haciendo un suave picado y se detiene nuevamente para seguir con exactitud cualquiera de sus movimientos. Finalmente se lanza sobre ella y le sacude varios aletazos para desorientarla, mientras le asesta varios picotazos; las garras del águila también están adaptadas a la caza de los ofidios, pues están recubiertas de duras escamas sobresalientes, haciendo las veces de los guantes de malla de un carnicero. El ofidio puede debatirse, enroscarse en el águila e intentar morderla, pero las fuertes garras la protegen de sus picaduras y además, el espeso plumaje de la rapaz también puede resistir sus ataques, aunque esta águila no sea inmune al veneno de las serpientes. Sin embargo, una vez picotee al ofidio detrás de la cabeza, la presa estará perdida, de modo que su eficacia es similar a la mordedura de la mangosta. Y no en vano, pues el pico es tan fuerte que puede machacar con él la cabeza de las culebras de mayor tamaño.

Águila Culebrera Cazando
Águila culebrera con una serpiente recién capturada.

De hecho, esta águila a menudo se atreve incluso con las culebras bastardas, que llegan a alcanzar 2 metros de longitud; cuando la presa es así de voluminosa se la llevan colgando del pico y la devoran en un posadero más seguro. Si la serpiente es pequeña, caso de las culebras pequeñas o incluso de las peligrosas víboras, que también pueden ser sus víctimas, se la traga en vuelo. Las águilas culebreras empiezan engullendo la serpiente por la cabeza, quedando con frecuencia la cola que cuelga de las comisuras del pico; esto facilita las cosas al pollo, que sólo tiene que tirar de la cola para extraer el resto. El buche del pollo tiene tal capacidad que puede devorar serpientes que pesan más que él mismo. En este período el macho de águila culebrera puede llegar a cazar 3 o incluso 5 serpientes al día.

Águila Culebrera Alimentando a su Pollo
En esta foto, de Francesco Petretti, puede verse claramente al pollo tirando de la serpiente

Un águila excepcional en muchos sentidos, pero no sin peligros


En resumen: una rapaz muy especial en Europa, cuya bravura y dieta la hace digna de admiración. Sus únicos enemigos naturales son los depredadores de sus huevos y pollos, como el cuervo (Corvus corax), el pigargo europeo (Haliaetus albicilla) y el milano negro (Milvus migrans); sólo el búho real (Bubo bubo) se ha citado como depredador de un águila culebrera adulta. Sin embargo, y como por desgracia suele ocurrir con las rapaces en general, esta especie debe hacer frente a varios problemas relacionados con el ser humano: los más importantes son sus choques con los tendidos eléctricos de construcción inadecuada (que pueden provocar buen número de bajas), los cambios en la agricultura actual y el uso del suelo en general (que supone una lógica regresión de sus terrenos de caza y de los efectivos de reptiles), las perturbaciones en las áreas de cría y por supuesto, los incendios, grandes devastadores de cualquier bosque natural.  También están los problemas de la caza furtiva y los expolios de nidos por parte de coleccionistas sin ningún escrúpulo, y no deben olvidarse los casos en que algunas de estas rapaces han chocado con molinos de viento. Con todo, el águila culebrera no es una especie amenazada (gracias, en buena medida, a su protección legal) y hay datos estimados de que existen a día de hoy en España unas 2.000 o 3.000 parejas reproductoras. En el resto de Europa las poblaciones son más discretas: un millar en Francia, de 120 a 160 en Italia, entre 80 y 100 en Portugal, y 300 en Grecia. En el resto de Europa cría en pequeñas cantidades. Los datos a los que he podido acceder sobre las parejas reproductivas del norte de África son las siguientes: 1.000 parejas en Marruecos y 200 en Túnez. En Turquía se han contabilizado de 100 a 1.000 parejas.

En España hay varios científicos cuyo conocimiento de la especie constituye una muy buena referencia. Entre ellos está Miguel Ferrer, delegado del Consejo Superior de Investigaciones Científicas en Andalucía, Alberto Madroño, de SEO/Birdlife, Jose Luis García Grande y Fernando Hiraldo, autores del libro Las rapaces ibéricas, etc.

La Penetrante Mirada del Águila Culebrera


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